Quién soy

Hubo un tiempo en que fui soldado. Descubrí que sabía disparar, que mi puntería era excelente, por lo que pasé a ser tirador de élite. Fui destinado al cuartel general del ejército, a la quinta compañía de la policía militar.

Tuve un fusil adaptado a mi vista, disparé con lanzagranadas, con ametralladoras y con todo tipo de armas. Manejé motocicletas de alta cilindrada y coches blindados. Fui escolta y conductor de Generales, era la época del terrorismo más salvaje. Madrid y ese destino eran lo peor posible. Muchos de mis jóvenes compañeros murieron en atentados, protegiendo a militares de alta graduación, ancianos “patriotas” muy bien pagados.

En el ejército me llamaban “Pintor” porque conocían mis habilidades artísticas y los estudios que había profesado, bueno también me llamaban “Escaqueador”. El primer mote me obligó a hacerle un retrato al Capitán de la compañía y el segundo me sirvió para no volver a pintar a ninguno más.

Yo no quise ser soldado, pero tuve que serlo. No estaba interesado en ser policía militar, pero daba la talla. No quería disparar, pero sabía hacerlo.

Cuando finalmente me licencié pensé en continuar mi carrera como Artista, que apenas inicié antes de ese periodo en filas. Donde por cierto, había tenido la oportunidad de conocer a algunos personajes interesados en promocionar mi talento a cambio de una parte importante de mi trabajo y de mi obra. A alguno de ellos sigo escuchándolos en sus colaboraciones en la radio o en las televisiones locales, con sus mismos aires de soberbia pseudo intelectual. Me da la sensación de que su aliento sigue oliendo al licor barato que les pagábamos unos chavales de 20 años que queríamos ser Artistas.

El mundo del Diseño Publicitario fue en el que entré después de las armas. Al fin y al cabo, era eso lo que había estudiado y el sector del Arte ya se me antojaba distante y difícil para la supervivencia. Además, la publicidad estaba muy relacionada con la Creatividad y a mi modo de ver con el Arte.

Una vez más me equivoqué, no era menos superficial, ni menos frívolo y volví a encontrarme con el tipo de personaje de siempre. Esta vez eran las Instituciones Públicas quienes los respaldaban y los situaban en la cúspide de la pirámide del sector, colocando como en las otras ocasiones, a los que producen y a los que se arriesgan, en la base de ella.

En la guerra, los tiradores de élite se convierten en Francotiradores y luchan solos en primera línea, en la Vanguardia o en posiciones entre las líneas enemigas. Esto los convierte en objetivo primordial, casi ninguno sobrevive. Cuando tarde o temprano son abatidos, se sustituyen por otros francotiradores, mientras quienes han decidido que ellos estén allí, permanecen en la Retaguardia, detrás de las líneas de fuego.

En el mundo del Arte sucede lo mismo, pero al menos en la guerra no tienen que pagar las armas ni desarrollar la idea de la batalla.

Yo tuve un don que desconocía, tenía puntería y podía disparar, y otro que conocía y desarrollé, sabía dibujar y podía ser creativo. Los dos me convirtieron en un Francotirador, que dispara solo, desde un edificio destruido por las bombas.

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